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sábado, 30 de marzo de 2013

Rollo de "Exultet" Barberini - Descenso a los infiernos



"[El artículo de fe sobre el descenso a los infiernos] afirma que Cristo franqueó la puerta de nuestra más profunda soledad, que en su pasión penetró en el abismo de nuestro abandono. Allí donde ya no podemos oír ninguna voz, allí está él. Por tanto, el infierno ya está superado, mejor, ya no existe la muerte que antes era el infierno. Ni el infierno ni la muerte son ya lo mismo, porque hay vida en medio de la muerte, porque el amor habita en ella. El infierno o la segunda muerte, como dice la Biblia (cf. Ap. 20, 14), es ahora el encerrarse voluntariamente en sí mismo. La muerte ya no conduce a la soledad, las puertas del sheol están abiertas de par en par. Creo que en esta línea es como hay que entender los textos de los Padres, que dicen que los muertos sales de sus sepulcros y que se abren las puertas del infierno, textos que se han interpretado sobre todo mitológicamente. Y también hay que interpretar así el texto mítico del Evangelio de Mateo que nos cuenta que, cuando murió Jesús, se abrieron los sepulcros y resucitaron los cuerpos de muchos santos (Mt 27, 52). La puerta de la muerte está abierta, desde que en la muerte habita la vida, el amor..."

Joseph Ratzinger (*1927)



domingo, 26 de febrero de 2012

Ratzinger - No de solo pan vive el hombre



«No de solo pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios»

(Mt 4,4; Lc 4,4)

"¿No nos hallamos también nosotros expuestos al peligro de pensar que Dios no es de primera necesidad para el hombre, y que el desarrollo técnico y económico es más urgente que el espiritual? ¿No pensamos también que las realidades espirituales son menos eficaces que las materiales? ¿No se abre paso también entre nosotros una cierta tendencia a diferir el anuncio de la verdad de Dios porque juzgamos que hay que hacer primero cosas «más necesarias»? Y, sin embargo, comprobamos de hecho que, cuando el desarrollo económico no va acompañado del desarrollo espiritual, destruye al hombre y al mundo."

"Aunque no aceptemos una redención puramente material, económica y política no podemos menos de reconocer el grave deber que tenemos de suscitar aquellas fuerzas espirituales que son capaces de transformar el mundo, de satisfacer el hambre de tantos hermanos y hermanas. Sabemos bien que la tierra tiene riquezas suficientes para saciar a todos; no son los bienes materiales los que faltan, sino las fuerzas espirituales, que podrían crear un mundo de justicia y de paz. Uno no puede menos de preguntarse por qué entre los cristianos hay tantos pobres, tantos hambrientos. ¿Por qué no corresponde a la Eucaristía del Señor el ágape de los cristianos, la multiplicación de los panes que se lleva a cabo mediante la caridad? El Señor, que sufre el hambre de sus hermanos más pequeños, nos dirá un día: «Tuve hambre y me disteis de comer», o bien «tuve hambre y no me disteis de comer» (Mt 25,33.42). Recemos para que reconozcamos al Señor cuando tiene hambre y necesita de nosotros."

Joseph Ratzinger