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lunes, 20 de febrero de 2012

Van Gogh - L'église d'Auvers-sur-Oise (1890)


Sin palabras
(y sin respiración)




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Van Gogh - Carta a su hermana Wilhelmina
sobre el cuadro de la iglesia de Auvers-sur Oise (1890)


"Tengo un cuadro más grande de la iglesia del pueblo - un efecto en el que la construcción parece ser violeta contra un cielo de simple azul oscuro, cobalto puro; las ventanas parecen como manchas de azul ultramar, el tejado es violeta y en parte anaranjado. Al fondo, florecen algunas plantas verdes, y arena con el reflejo rosa del sol. Y otra vez más es casi la misma cosa que los estudios que hice en Nuenen de la vieja torre y el cementerio, sólo que probablemente ahora el color es más expresivo, más suntuoso."
Carta a Wilhelmina van Gogh, 5 de junio de 1890.




domingo, 5 de febrero de 2012

González de Cardedal - La Biblia y el mal


"La Biblia no ofrece una respuesta teórica que explique el problema del mal sino una palabra profética que lo desenmascara y lo exorciza, a la vez que va suscitando figuras que lo portan en sí, sufren y muestran la posible superación desde dentro. No propone una metafísica para interpretar el mal sino una terapia para superarlo. Dios no supera el mal, nacido de la libertad del hombre, por la negación de esa libertad o por la violencia; lo soporta, padece y supera mediante el bien. Los pobres de Yahvé, los salmistas, los humillados de la historia encuentran en el Siervo y en la pasión de Cristo la respuesta humilde y humillada de Dios. Ella deja abierta nuestra historia y remite a otra historia nueva, en la que la verdad se afirmará y la injusticia será desvelada.

Mientras que la filosofía griega ha sido de hombres geniales y de minorías privilegiadas, distanciadas de la masa y de los marginados de la sociedad, la narración bíblica mantiene en súplica ante Dios la memoria de los pobres y de las víctimas con la promesa de otorgar justicia a los vencidos y perseguidos injustamente, como hizo con Jesús. Las bienaventuranzas sellan ese programa de vida para el cristianismo porque antes fueron la forma de vida de Jesús. En continuidad con esta actitud de Jesús, la Iglesia se ha preocupado siempre de los pobres y ha atendido a enfermos y marginados. Para ella las obras de misericordia han sido tan esenciales como el credo, las bienaventuranzas como los mandamientos."


lunes, 16 de enero de 2012

Szymborska - Ludzie na moście (1986)


Ludzie na moście

Dziwna planeta i dziwni na niej ludzie.
Ulegają czasowi, ale nie chcą go uznać.
Mają sposoby, żeby swój sprzeciw wyrazić.
Robią obrazki jak na przykład ten:

Nic szczególnego na pierwszy rzut oka.
Widać wodę.
Widać jeden z jej brzegów.
Widać czółno mozolnie płynące pod prąd.
Widać nad wodą most i widać ludzi na moście.
Ludzie wyraźnie przyśpieszają kroku,
bo właśnie z ciemnej chmury
zaczął deszcz ostro zacinać.

Cała rzecz w tym, że nic nie dzieje się dalej.
Chmura nie zmienia barwy ani kształtu.
Deszcz ani się nie wzmaga, ani nie ustaje.
Czółno płynie bez ruchu.
Ludzie na moście biegną
ściśle tam, co przed chwilą.

Trudno tu obejść się bez komentarza:
To nie jest wcale obrazek niewinny.
Zatrzymano tu czas.
Przestano liczyć się z prawami jego.
Pozbawiono go wpływu na rozwój wypadków.
Zlekceważono go i znieważono.

Za sprawą buntownika
jakiegoś Hiroshige Utagawy,
(istoty, która zresztą
dawno i jak należy minęła),
czas potknął się i upadł.

Może to tylko psota bez znaczenia,
wybryk na skalę paru zaledwie galaktyk,
na wszelki jednak wypadek
dodajmy, co następuje:

Bywa tu w dobrym tonie
wysoko sobie cenić ten obrazek,
zachwycać się nim i wzruszać od pokoleń.

Są tacy, którym i to nie wystarcza.
Słyszą nawet szum deszczu,
czują chłód kropel na karkach i plecach,
patrzą na most i ludzi,
jakby widzieli tam siebie,
w tym samym biegu nigdy nie dobiegającym
drogą bez końca, wiecznie do odbycia
i wierzą w swoim zuchwalstwie,
że tak jest rzeczywiście.


Wisława Szymborska, Ludzie na moście, 1986
[Traducción]




Szymborska - Hombres en el puente (1986)


Hombres en el puente

Extraño planeta y extrañas las gentes que aquí viven.
Sucumben al tiempo, pero sin querer admitirlo.
Tienen sus trucos para expresar su desacuerdo.
Crean imágenes como por ejemplo ésta:

Nada de particular a primera vista.
Se ve el agua.
Se ve una de sus orillas.
Se ve una piragua
que avanza penosamente río arriba.
Se ve un puente sobre el agua
y se ven hombres en el puente.
Los hombres aprietan visiblemente el paso,
porque comienza a azotarlos la lluvia
que cae de una nube oscura.
Pero ya no sucede nada más.
La nube no cambia de color ni de forma.
La lluvia no arrecia ni amaina.
La piragua navega sin moverse.
Los hombres del puente corren
hacia donde antes corrían.

Imposible evitar un comentario.
No se trata de un cuadro inocente.
Aquí el tiempo ha sido detenido.
Se han obviado sus leyes.
Se le ha privado de influencia en el curso de los acontecimientos.
Ha sido menospreciado y ha sido ultrajado.

A causa de un rebelde,
un tal Hiroshige Utagawa
(individuo que, por cierto,
expiró como es debido hace ya mucho tiempo),
el tiempo ha tropezado y ha caído al suelo.

Tal vez se trate de una travesura sin importancia,
un exceso a escala de apenas un par de galaxias,
no obstante y por si acaso
añadamos lo siguiente:

Aquí suele ser de buen tono
valorar en mucho este cuadro,
admirarlo con emoción desde hace generaciones.

Hay quienes van más lejos.
Incluso oyen el rumor de la lluvia,
sienten las frías gotas en la espalda y en la nuca,
miran el puente y a los hombres
como si se vieran allí retratados,
en esa carrera que nunca llega al fin
de un camino sin fin eternamente por recorrer,
y en su desfachatez creen
que en realidad así es.


Wisława Szymborska, Hombres en el puente, 1986
[Original polaco]