Mostrando entradas con la etiqueta Novela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Novela. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de junio de 2012

Ray Bradbury: In memoriam (1920-2012)


In memoriam († 05/06/2012)



"Libraries raised me. I don’t believe in colleges and universities. I believe in libraries because most students don’t have any money. When I graduated from high school, it was during the Depression and we had no money. I couldn’t go to college, so I went to the library three days a week for 10 years" (in Steinhauer, Jennifer [June 19, 2009]. "A Literary Legend Fights for a Local Library". The New York Times. Retrieved December 9, 2009).



► Leer Ray Bradbury, En una estación de buen tiempo.




domingo, 25 de marzo de 2012

Werfel - Gottes Freude / Alegría de Dios


"Stille herrscht auf dem weiten Hof. Die Gottesgäste an den rings aufgeschlagenen Tischen – jeder einzelne ein Glied der vornehmsten Vaterhäuser des Landes – haben sich erhoben. Sie harren auf ein Wort des Königs. Josijah aber spricht nicht nur ein Wort, sondern zwei, und es sind zwei wahre Losungsworte, die aus seinem Munde über den Platz
schallen:
»Gottes Freude!!«
Es klingt wie ein herrischer Kriegsbefehl an die Feiernden, alle Lust und Fröhlichkeit, die sich die Seele im Drangsal des Lebens bewahrt hat, eifrig zusammenzuraffen und sie an diesem Abend als das Opfer des Opfers darzubringen. Denn aus Freude hat im Anbeginn der Herr Himmel und Erde geschaffen. Sein Hauch, der über den Wassern wehte, das Licht, zu dem er sprach »es werde« und es ward, sie sind die geschaffenen Zeichen von Gottes Freude. Des Königs blitzendes Gesicht scheint zu sagen: Freude ist Gottes Kraft. Er gibt sie uns, damit wir sie ihm wiedergeben am Passah der Befreiung und Erlösung aus Knechtschaft. Jirmijah hat Tränen in den Augen. Über den Vorhof aber donnert der tausendstimmige Ruf: »Gottes Freude!«"


"Reina el silencio en el vasto atrio [del Templo]. Los huéspedes de las mesas circundantes —cada uno miembro de las más distinguidas casas patriarcales del país— se han puesto de pie. Esperan una palabra del rey. Josías no pronuncia una, sino tres, verdadero santo y seña que hace estremecer los muros:
—¡Alegría de Dios!
Suena como una imperiosa orden de guerra. Manda a los festejantes que reúnan toda la jovialidad recatada y el alegre humor que guarda el alma en medio de las penurias de la vida, para ofrecerlas como ofrenda de las ofrendas. Porque Dios creó en un principio un cielo y una tierra de alegría. Su hálito, que ondeaba suavemente sobre las aguas; la luz a la que dijo 'Sea la luz' y así se hizo, son signos creados de la alegría de Dios. El rostro brillante del rey parece decir: la alegría es una fuerza divina. Él nos la da para que se la devolvamos el día pascual, día de la liberación, día de la salvación de la servidumbre y esclavitud. Jeremías tiene los ojos anegados en lágrimas. Por el atrio retumban mil voces: ¡Alegría de Dios!"

Franz Werfel, en Höret die Stimme / Escuchad la voz (1937)



sábado, 17 de marzo de 2012

Werfel - Jerusalén


"Jebus, Urusalim, Jeruschalajim, Zion, wie immer auch genannt, sie war die Stadt ohne Anfang und Ende, älter als die älteste Erinnerung, gewesen, seiend und werdend wie der Gott, der sie um den Felsen Moriah versammelt hatte, auf dem Abraham sein schweres Glaubensopfer darzubringen sich bereitet hatte. Ihr frühester König, dessen Name uns überliefert ist, hieß Melchisedek, gerechter König, und die Liturgie bewahrt sein Angedenken bis auf den heutigen Tag als Vorstrahlung des Messias. Die Tempel von Theben und Karnak waren gewaltige Rekonstruktionen von Trümmerstätten. Doch nur das Tote läßt sich rekonstruieren. Rom und Athen waren moderne Städte mit musealen Ruinenfeldern in ihrer Mitte. Jerusalem aber, die Hochgebaute, die dort in der Sonne loderte, besaß keine Ruinen. Sie hatte ihre Zeitalter nicht abgestreift und liegen lassen wie steinerne Häute. Die Tochter Zions stand immer wieder im Licht und lag immer wieder im Staube. Das Feuer Nebukadnezars, das Spitzeisen des Titus, der Pflug Hadrians war über sie hingeknirscht. Doch ihr wahrer Bestand hing von ihrem tatsächlichen Bestande nicht ab. Wer ihre Zeit zählte, zählte die Zeit Gottes mit, die ohne Zeit ist."


"Jebus, Uruslem, Jeruschalajim, Sión y como quiera que se la haya llamado, es la ciudad sin principio ni fin; la ciudad aún más vieja que el recuerdo más antiguo; la ciudad pasada, presente y futura como el Dios que la reunió alrededor de la roca Moriah, en la que Abraham se preparó para llevar a cabo su pesado, doloroso y pío sacrificio. Su primer rey, cuyo nombre nos ha sido transmitido por la tradición, se llamó Melquisedec, rey justo. La liturgia guarda su recuerdo hasta el día de hoy como resplandor augural del Mesías. Los templos de Tebas y Karnak son majestuosas reconstrucciones de parajes en ruinas. Pero sólo lo muerto permite ser reconstruido. Roma y Atenas son modernas urbes con campos de ruinas de museo en su centro. Jerusalén —la edificada en lo alto, la eminente, la que llanea al sol— no posee ruinas. Ella no se ha despojado de sus diferentes períodos históricos, arrojándolos como pieles mudadas y pétreas. La hija de Sión se yergue siempre de nuevo en la luz, y se arrastra a su vez en el polvo. El fuego de Nabucodonosor, los picos de Tito, el arado de Adriano, han pasado por encima de ella chisporroteantes, crepitantes, crujientes. Pero su verdadera subsistencia no depende de su existencia real. Quien mide su tiempo, mide la edad de Dios, que no tiene edad."

Franz Werfel, en Höret die Stimme / Escuchad la voz (1937)



miércoles, 11 de enero de 2012

Undset - El combate de Olav Audunssøn



"[Olav] pasó despierto la mayor parte de la noche y tuvo una especie de revelación. Desde el amanecer de los tiempos se libraba en el mundo un combate entre Dios y su enemigo, un combate en el cual todo lo que tenía vida, alma o espíritu participaba, en una cohorte o en la otra, consciente o inconscientemente: los ángeles y los genios, los hombres aquí abajo y más allá de la muerte. Y con frecuencia era por el miedo por lo que el diablo atraía a los hombres a su campo. Éstos temían que Dios exigiera demasiado de ellos, que se vieran obligados a pronunciar una verdad que les quemara los labios, o bien a renunciar a satisfacciones que no creían tener la fuerza de abandonar: el provecho, el bienestar, las diversiones o la consideración del prójimo. Entonces aparecía el viejo padre de la mentira y captaba las almas de los hombres con su eterna astucia: pedía menos a los suyos y los recompensaba más generosamente al principio. Olav tenía que decidir en cuál de estos dos ejércitos iba a servir."

Sigrid Undset (1882-1949), Olav Audunssøn (1925-1927)